GENÉTICA Y CARACTERÍSTICAS MORFOLÓGICAS

Las características morfológicas son las características visibles. En el perro, incluyen los datos relativos al morfotipo general, el tamaño del animal en la edad adulta, la cabeza, las extremidades, el pelaje e incluso el color de los ojos. Este capítulo no pretende ser un tratado completo de genética aplicada a la cría canina. Existen excelentes obras de síntesis muy bien documentadas sobre este tema, que el lector puede consultar. En estas páginas se ha tratado simplemente de presentar los elementos conocidos que, en el perro, conducen a la aparición de determinadas características morfométricas.

Perfil morfolï¿œgico general del perro

El perfil de un perro (rectilíneo, convexilíneo o concavilíneo) y sus proporciones (mediolíneo, longilíneo o brevilíneo) permiten apreciar el tipo morfológico general del animal, el cual varía de manera apreciable en la especie canina.

Como indica Bernard Denis, gran especialista francés de genética canina, "la intervención de los factores genéticos exige diferenciar, en la especie canina, el enfoque entre los tipos armónicos y disarmónicos:

- La armonía supone que, a igual peso, partiendo de un tipo medio, representado, por ejemplo, por un Braco (eumétrico, rectilíneo y mediolíneo), se pueda evolucionar paulatinamente, en un sentido, hacia un hipermé trico por la altura, ultralongilíneo y ultraconvexilíneo, como un lebrel (la figura del animal crece, se alarga y se aplana lateralmente), y en el otro, hacia un hipométrico por la altura, ultrabrevilíneo y ultraconcavilíneo, como el Bulldog inglés (la figura del animal se encoge, se acorta y se ensancha lateralmente)

- Hay disarmonía cuando las variaciones no se producen en las direcciones mencionadas: por ejemplo, un perfil ultraconvexilíneo con tronco ultrabrevilíneo (como el Bull terrier) o ultraconcavilíneo con tronco mediolíneo (como el Cavalier King Charles), un tronco sublongilíneo con extremidades cortas (como el Basset artésien normand), etc."

La heredabilidad del tipo morfológico parece ser alta. Este carácter se mejora por selección y no sufre depresión endogámica. En esta transmisión participan efectos poligénicos de acción específica, así como también una acción directa de genes principales.

El tamaño, que engloba la altura y el peso, también parece tener una heredabilidad muy alta. Este carácter se fija genéticamente. La alimentación y, en general, las condiciones de cría sólo son importantes para permitir su expresión más o menos precoz. El aumento del tamaño de algunas razas es estrictamente genético y resulta totalmente imposible hacer crecer un perro mediante medidas nutricionales más allá de lo que determina su potencial genético.

Elementos morfológicos específicos

La cabeza de un perro, elemento fundamental de su "belleza", se relaciona con la genética cuantitativa. El criador debe evitar ciertos excesos. Por ejemplo, tratar de obtener hocicos demasiado largos y finos conduce a menudo a la selección genética involuntaria de animales que padecen prognatismo superior.

Los prognatismos inferior (maxilar inferior saliente) y superior (maxilar superior saliente) parecen trasmitirse de manera autosómica recesiva.

Las anomalías dentarias son variadas y constituyen, según los países, "faltas" más o menos graves. En este plano, sólo se puede afirmar que es más probable encontrar dentaduras defectuosas entre los cachorros de dos progenitores a los que les faltan dientes que en los de dos progenitores con dentaduras normales.

Tampoco se conocen con exactitud los determinantes genéticos relativos a la conformación de las orejas: la forma, la implantación y el porte final parecen ser caracteres cuantitativos, sometidos a efectos poligénicos.

La longitud de las extremidades constituye un buen ejemplo de determinancia genética complejo, en el que intervienen diversos mecanismos:

- efectos poligénicos para el caso general,

- un gen dominante con dominancia incompleta en algunos Bassets,

- un gen recesivo en algunos casos particulares (Cocker y Alaskan Malamute, por ejemplo).

Por último, la forma y el porte de la cola también son cualidades hereditarias y constituyen caracteres étnicos de determinismo poligénico. 92

Características genéticas de las faneras

Entre las características visibles de un perro figura, evidentemente, el pelaje, tanto su color como su textura. En 1991, Costiou y Denis propusieron una nueva nomenclatura para las capas caninas (ver el cuadro anexo). La siguiente descripción está basada en dicha nomenclatura.

La coloración del pelo, la piel y el iris de los perros se deben a un pigmento llamado melanina (pigmento claro cuyo color varía entre el amarillo y el rojo). Este pigmento es responsable de la coloración rojiza del pelaje en caso de deficiencia nutricional de tirosina (síndrome del pelo rojo).

El blanco no tiene existencia propia como color, sino que, en ausencia de pigmento, es el resultado de la presencia de aire atrapado dentro de una matriz sólida translúcida, la corteza del pelo (esto es similar a lo que ocurre con el color "blanco" de la nieve).

Diversos alelos, localizados en distintos loci, pueden participar en:

- la síntesis de eumelanina, en la totalidad o en parte de la piel o el pelo,

- la desviación de esta síntesis hacia la de feomelanina (con una posible interferencia nutricional en caso de carencia relativa de tirosina),

- la inhibición de la formación de pigmentos, en la totalidad o en parte del cuerpo.

Los loci involucrados pueden clasificarse en tres categorías:

- loci determinantes del color de base de la capa,

- loci determinantes de la intensidad de la pigmentación,

- loci supresores de la pigmentación.

Basándose en los trabajos de Denis, se recapitulan a continuación las características genéticas conocidas de la capa, el iris, la nariz y las uñas de los perros.

Características genéticas de la capa [recapitulación]

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Conclusión

Los riesgos relacionados con las diversas combinaciones genéticas, los fenómenos de dominancia y las mutaciones deben inspirar una gran humildad y una extrema prudencia a los criadores de perros y a los responsables de clubes de raza con respecto a la mejora genética. No obstante, es posible retener los grandes principios de la selección que han sido confirmados por la experiencia y los estudios estadísticos.

- Antes de proceder a la selección, hay que establecer las prioridades, definiendo un pequeño número de caracteres en los que se concentrarán constantemente los esfuerzos

- Una vez definidas las orientaciones de la selección, hay que recordar que los caracteres cualitativos (tipo de pigmento, textura de la capa, etc.) se pueden fijar de manera más rápida y más fácil que los caracteres cuantitativos (características morfológicas, rendimiento, etc.), puesto que dependen de un pequeño grupo de genes.

- Cuando la correlación entre el fenotipo y el genotipo es estrecha, se pueden esperar avances rápidos.

- El apareamiento de dos individuos genéticamente lejanos puede producir, gracias al azar, ejemplares de gran calidad, que serán buenos competidores, pero, por lo general, no serán buenos reproductores (alto grado de heterocigosis).

- En cambio, los cruzamientos consanguíneos no permiten esperar el nacimiento de individuos excepcionales, pero favorecen la fijación de los caracteres, al aumentar la homocigosis.

- Por lo tanto, cuando se quiere introducir una nueva línea de sangre en un linaje, es interesante recurrir a un semental "raceador", de gran capacidad para transmitir sus aptitudes a su descendencia, o, si ello no es posible, a uno de sus hermanos, incluso si éste exterioriza algunos defectos mínimos o tiene una carrera menos importante.

- La mejor práctica de cría consiste en criar simultáneamente varios linajes consanguíneos satisfactorios y realizar de tanto en tanto cruzamientos entre ellos ("line-breeding"), seguidos inmediatamente de cruzamientos consanguíneos si los resultados merecen ser fijados.

- Con el objeto de obtener a largo plazo individuos que presenten todas las cualidades buscadas, algunos criadores realizan de manera prioritaria una selección basada en criterios inversamente proporcionales a la heredabilidad, es decir, primero en función de la fecundidad, luego de la robustez y por último, de las características morfológicas. En efecto, las cualidades de reproducción (salvo la aptitud lechera) son todavía menos heredables que las cualidades de trabajo (determinación muy poligénica), mientras que ciertos caracteres morfológicos, como los defectos congénitos de los aplomos, parecen ser muy heredables.

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