Por ello, no hay que retirar a las crías
de la madre a medida que nacen, sino dejarlas mamar desde
el primer momento. Durante el período neonatal,
los cachorros privados del calostro son evidentemente
más vulnerables a las infecciones.
Cuando el número de recién nacidos es
inferior al previsto según la radiología,
deberá tomarse una nueva radiografía
abdominal que permita localizar a los cachorros que
faltan (uno o más) y evite cesáreas innecesarias
si se encuentran en el estómago de la madre.
En efecto, con bastante frecuencia las perras ingieren
los cachorros nacidos muertos o mal formados, junto
con las placentas. Sin embargo, cuando los fetos no
hayan sido expulsados, podrá facilitarse el
vaciado y la involución uterinas con productos
fitoterapeúticos homeopáticos (por ejemplo,
Aletris farinosa y Actea racemosa). Mediante algunas
precauciones higiénicas simples pueden prevenirse
las infecciones ascendentes del útero durante
la expulsión de loquios (pérdidas verdosas
durante un período de algunos días a
dos semanas). El uso de antibióticos durante
el parto puede tener efectos nefastos en la flora digestiva
del cachorro, aún frágil, y además,
cuando es sistemático, conduce a la selección
de gérmenes resistentes en el criadero.
Como en este terreno, "lo mejor" es a menudo
enemigo de "lo correcto", el criador debe
preocuparse simplemente de controlar el ambiente de
la zona de maternidad, dejar actuar a la naturaleza
y utilizar la pericia para obtener los mejores resultados. |